Beatos SALVATORE LILLI y 7 mártires armenios

BEATOS SALVATORE LILLI
y los 7 mártires armenios


Salvatore Lilli nació en Capadocia, provincia italiana de Aquila, el 19 de junio de 1853. En 1870 entró en la Orden franciscana. En 1873 tuvo que proseguir los estudios en Tierra Santa, pues el Gobierno italiano había suprimido las Órdenes religiosas. Recibió la ordenación sacerdotal en Jerusalén, el 16 de abril de 1878.

La persecución
En 1895 estalló una fuerte persecución contra los cristianos armenios. La matanza de hombres, mujeres, niños y ancianos causó miles de víctimas en la región. El P. Lilli recibió un mensaje urgente de sus superiores que le sugerían que abandonase el puesto; al segundo mensaje en el mismo sentido, el misionero respondió que «el Pastor no puede abandonar a las ovejas en peligro», y decidió quedarse junto a los armenios perseguidos. Un mes después, los soldados entraron a bayoneta calada y el heroico franciscano fue herido en una pierna cuando intentaba ayudar a las víctimas. Invadido su convento por la tropa, fue hecho prisionero y encerrado en una celda de la casa franciscana.


El martirio
Alternando halagos y amenazas, promesas y malos tratos, el jefe de los soldados trató de conseguir que renegase de Cristo y se pasase a Mahoma. Una semana después le obligaron a partir con varios campesinos del lugar, también prisioneros, hacia Marasc. Se reunieron todos en la iglesia, y el P. Lilli les confesó y animó al martirio. Después de 2 horas de duro caminar, llegaron al borde de un torrente, y el jefe de nuevo les conminó a renegar de Cristo. Ante su unánime respuesta negativa, el comandante ordenó matarlos a bayoneta calada. El martirio se consumó el 22 de noviembre de 1895, cuando el P. Salvador Lilli tenía 42 años. Sus 7 compañeros mártires eran: Ohannés Baljian, Khacer Khodanian, Tzerun Kuradjian, Wartawar Dembalakian, Boghos Yerimian, David Davidian y David Torosian, todos ellos armenios.

📕 Martirologio Romano
«Junto al río Zihun, cerca de la ciudad de Maras, en Cilicia, beatos Salvador Lillo, presbítero de la Orden de Hermanos Menores, Juan, hijo de Balzi, y otros seis compañeros de familia armenia, mártires, que ante la imposición de los soldados otomanos de renegar de Cristo, por no acceder a traicionar su fe, emigraron al reino eterno atravesados por lanzas. He aquí sus nombres: beatos K`adir, hijo de Xodianin; Cerun, hijo de K`urazi; Vardavar, hijo de Dimbalac; Pablo, hijo de Jeremías; David y Teodoro, hermanos, hijos de David († 1895)».

Beatificación
El proceso ordinario para la beatificación de estos mártires se instruyó en 1930-32, y la causa se incoó en la Sagrada Congregación de Ritos el año 1959, siendo Papa Juan XXIII, conocedor y amante de las Iglesias orientales de Europa. En 1962-64 se instruyeron procesos apostólicos en Alepo (Siria) y Beirut. El domingo 3 de octubre de 1982, Juan Pablo II los proclamó Beatos, precisamente al clausurarse el VIII centenario del nacimiento de San Francisco de Asís.

Palabras del Papa Juan Pablo II
En cuanto a sus compañeros armenios en el martirio, el Santo Padre Juan Pablo II dijo en su homilía de beatificación: «Conocemos los nombres, las familias y el ambiente de vida de sus siete compañeros mártires: eran humildes ciudadanos y fervorosos cristianos, provenientes de una estirpe que, a través de los siglos, había conservado íntegra su fidelidad a Dios y a la Iglesia, incluso en los momentos difíciles y, a veces, dramáticos». Después de hablar del celo apostólico del P. Salvatore «que fundó tres nuevas aldeas para reagrupar los numerosos núcleos familiares dispersos a fin de poder protegerlos e instruirlos mejor; ...imprimió un intenso ritmo a la vida religiosa de sus parroquianos, que se sentían atraídos por su ejemplo, por su piedad y por su generosidad», Su Santidad habla del martirio: «El 19 de noviembre de 1895, los militares entraron en la casa parroquial y el comandante lo puso ante la alternativa: o renegar de Cristo o morir. La respuesta del sacerdote fue clara y firme; por ella tuvo ya que soportar una primera explosión de violencia: algunos golpes de bayoneta que le hicieron derramar sangre. Tres días más tarde, el religioso y siete de sus parroquianos fueron sacados por la tropa; les hicieron caminar durante dos horas; los pararon cerca de un torrente y el coronel les propuso por última vez escoger entre la abjuración o la muerte. “Fuera de Cristo, no reconozco a nadie”, dijo el padre. No menos noble fue la respuesta de los otros mártires: “Matadnos, nosotros no renegaremos de nuestra religión”. Mataron primero al Beato Salvador, traspasándolo con las bayonetas de los soldados; inmediatamente después los otros siete corrieron la misma suerte» (L'Osservatore Romano, 10/10/1982).

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